#Culturalia: El ser a la mexicana

Culturalia por Noé Guerra (@noe_guerra_)

Culturalia por Noé Guerra (@noe_guerra_)

A la mexicana. Hay toda una nómina de arquetipos del ser mexicano y de lo que varios autores han dado en llamar: enanismo mexicano. Pero eso no es México sino solo su aspecto negativo. Porque ustedes y yo, así lo quiero suponer, nos afiliamos en la causa de la vocación de México al cultivo de los grandes valores del espíritu y del estilo colectivo de vida capaz de elevarnos al sitio que nos corresponde en el concierto universal. Un destino honroso que debe estar ahí, a lomos de nuestro estoicismo personal, con el escudo de nuestra dignidad indo-española y la lanza de nuestra pulcritud mental. Nuestras glorias comunes del pasado y del presente, la voluntad común de ser, el programa de vivir fieles a la vocación que nos caracteriza, son nuestro mejor capital sobre el ser a la mexicana como los tres tipos de sujetos que a continuación se describen.

El lambiscón. Ese es un parásito social que prospera o trata de prosperar a la sombra de poderosos y que posee además la rara habilidad de cambiar de color según convenga. Hay «lambiscones» inteligentes y hay «lambiscones» torpes (no quiero ejemplificar). Su común denominador es la hipocresía, la aprobación de todo cuanto dice o hace el adulado, el aplauso atronador a tiempo o a destiempo. Lambiscones existen en las antesalas de las oficinas públicas y en las empresas, invariablemente dispuestos a aprobar la opinión -por absurda que sea- del poderoso, a fin de obtener sus favores. Sin embargo, el nombre mismo con que la picaresca mexicana lo designa, implica una reprobación clara y terminante de esa especie vergonzosa que catalogamos como lambiscón, reprobación que debe consolarnos o que, por lo menos, significa que aunque no lo combatamos, preferimos al individuo recto, digno y orientado.

El madrugador. Hay quienes madrugan con propósitos sanos y edificantes, son la mayoría de los campesinos pacientes, esperanzados que despiertan con el canto del gallo y respiran el aroma del suelo regado por el rocío. Madrugan para trabajar la tierra. Pero hay también los inescrupulosos atormentados por el aire de poder y lucro, que no conocen el sueño tranquilo y que nada quieren saber de la lucha diaria y honrada de la existencia porque no colman sus desmesuradas, ilimitadas ambiciones. Estamos refiriéndonos al típico madrugador que se adelanta a la hora normada, para «comerle el mandado» al prójimo. Si es político correrá como obseso tras la entrevista clave y no vacilará en valerse del clásico madruguete. Para él, el respeto al derecho ajeno no significa la paz, lo que cuenta es apoderarse del botín antes que nadie y «a la brava», como se suele decir.

El picapedrero. Mientras el lambiscón es servicial y el madrugador es inescrupuloso, el picapedrero es una comparsa que no sirve para nada y sirve para todo. Aparece y desaparece según convenga. Es sombra imponderable del personaje privilegiado porque él espera, también encumbrarse algún día en una posición privilegiada. No desempeña ninguna labor especial, ni le preocupa definirse dentro de un oficio o profesión. El picapedrero posee la flexibilidad del reptil y la maña de la zorra; sabe ocultarse con la habilidad de la serpiente y mostrarse con el boato del conquistador. En vez de cabeza erguida, bolsillo lleno. En lugar del trabajo constructivo, la insaciable e inescrupulosa ambición.

Colofón. En nuestro México, como quizá en otros lados, existen estos personajes, pero México no es solo de lambiscones, madrugadores o picapedreros, una abrumadora mayoría repudiamos a estos entes sociales con toda su carga tóxica. Estamos cansados de su abuso, aunque hasta ahora no hayamos hecho algo para corregirlo. La inquietud de renovación, el talante sensible a la nobleza, la cortesía y la tolerancia, la amistad y la hospitalidad nuestra arrojan un saldo positivo que está muy por encima de los números rojos que representan los personajes indignos descritos, que pueden tener muchas explicaciones, pero ninguna justificación y que no son, por cierto, los únicos. Este es el aspecto positivo que debemos mostrar y que está más allá y más acá -porque está próximo a nuestro origen en el Ser fundamental- de lo negativo del ser a la mexicana.

Arriba