Fausto Delgado

Dale poder y lo vas a conocer

*CON PALABRAS MAYORES

Etimológicamente Colima nos refiere a un Estado que ha sido dirigido por personas con experiencia, y de amplio criterio reflexivo. «Colli», abuelo o volcán, y «maitl», mano; dicho de una manera más amplia es un «lugar conquistado por nuestros abuelos» o «lugar donde domina el Dios viejo». Dicha etimología, y toda la información de la estructura e historia, la podemos encontrar en la “Enciclopedia de los municipios y delegaciones de México”.

Actualmente, nuestro bello Estado se encuentra gobernado por algunos personajes con amplia y reconocida experiencia —gracias a sus años como buenos servidores públicos—. Otros, en su defecto, han llegado gracias al famoso chapulineo o por un golpazo de suerte. Así como lo fue en los pasados procesos electorales, en los que se logró posicionar a diversos personajes no muy conocidos, que ahora, han ocupado por más de dos años, una curul, un ayuntamiento, una regiduría u otro cargo público emanado por el poder del voto ciudadano o por compromisos políticos —hijos de alguien con apellidos rimbombantes que han estado de manera indeleble en muchos espacios del servicio público—.

Para gobernar y legislar, se requiere de voluntad, talento, paciencia, humildad y de una gran habilidad de mediación. Donde, no deben ponderar los instintos primitivos emergidos desde el “cerebro reptiliano”, el cual controla los impulsos y el pensamiento instintivo, para sobrevivir a alguna catástrofe. Esto, de acuerdo con la teoría del cerebro triúnico que Paul McLean desarrolló en 1990.

Fuera de la esfera de la administración pública, existe un gran número de agentes sociales que han exigido, y siguen exigiendo un cambio en las instituciones gubernamentales, y hasta en las no gubernamentales, pues muchas de ellas han brillado con la bandera de la corrupción, y otras han sido tan opacas en su “quehacer cotidiano” que no están siendo reconocidas por “quien hoy ostenta el poder ejecutivo nacional”.

Muchos líderes sociales gritan, saltan, se desgarran las vestiduras y emprenden actividades que los visibilicen mientras están en la búsqueda del poder. Pero, en realidad, ustedes creen que esas acciones tengan como principal objetivo “lograr una trasformación en nuestra sociedad” —yo, en repetidas ocasiones, quedo con muchas dudas al respecto—.

Sin duda alguna, llegar a la administración pública o a un cargo como servidor público, no debería ser gracias a un destino fortuito, el cual nos abraza y cobija sin conocer a bien nuestro compromiso, habilidades, entrega y vocación de servicio. Muchos llegan berrinchudos, conflictivos y groseros, o desabridos y desatendidos, sin ganas de trabajar, son faltistas, y hasta viven en otros países, mientras que los ciudadanos esperamos respuestas, atención, sensibilidad hacia nuestros problemas, algo así como “ponerse en nuestros zapatos”.

Hoy, sin afán de hacer señalamientos hacia alguien en particular, quisiera contarles una anécdota que me reconfigura la imagen de varios personajes que actualmente se encuentran vigentes en la política y en el servicio público, pero que podrían terminar como los rechazados del siguiente proceso electoral —lo más seguro— o de las futuras estructuras del servicio público.

Una tarde, en una institución educativa, nos convocaron a una audiencia púbica. Para lo cual, nos citaron en el auditorio principal que, se llenó en su totalidad. Esa tarde, pudimos escuchar a la autoridad máxima de esta institución. Recuerdo que, un joven se alistó para participar con una pregunta que iba como dardo al hígado del interlocutor de esa tarde “¿por qué gana más de cien mil pesos al mes?”  —Preguntó el joven—. Este cuestionamiento fue un tanto incómodo para todos los asistentes, pues se salía de la temática de ese día. Pero, obtuvo su respuesta, la cual, no fue algo de otro mundo, y estuvo argumentada de manera sintética. Posteriormente, a manera de prueba, y de forma arrebatada, la misma persona pidió que se entonara el himno oficial de esta institución, con el objetivo de corroborar si los presentes, sobre todo las autoridades en el panel, se lo sabían, y en caso de que no fuera así, poder humillar públicamente, a priori, a la autoridad que nos había convocado ese día.

Con esta anécdota, quiero hacer énfasis, en algo que considero importante. La administración pública es muy diferente cuando la vemos desde un cargo público, a la que vemos desde una trinchera semi-filantrópica de a pie, de lucha social (cuando aún no ostentamos un cargo emanado por el voto ciudadano o algún otro poder). Indudablemente no es lo mismo decir que hacer, no es lo mismo querer que las autoridades y servidores públicos se bajen el sueldo, a cuando ya estamos en esos escaños y puestos de poder, y bajarnos el sueldo. Simplemente, ¡no es tan fácil! Es un camino sinuoso, y debemos mover a ese gigantesco y pesado elefante, lleno de malos hábitos y costumbres.

Un representante popular, un servidor público o un titular de algún poder requieren de habilidades biopsicosociales fuertes, en las que no predomine únicamente el “cerebro reptil”, el cual, es muy útil para permanecer firmes con nuestras convicciones, pero no requiere de habilidades del pensamiento de un orden superior, lo cual nos hace propensos a ser mangoneados, y participar en leguleyadas sin siquiera, darnos cuenta.

Es por esto que, se debe hacer uso del “cerebro mamífero o límbico”, el cual se encarga de gestionar las emociones, y nos permite ser sensibles y empáticos a las distintas problemáticas por las que atraviesan nuestros semejantes, nos ayuda a tener un ángulo interpersonal, y ser menos egoístas. También, es muy importante utilizar la corteza de mayor proporcionalidad, el “cerebro cortical o neocortex”, el cual cubre a los otros dos ya mencionados, y en donde se albergan la razón, el lenguaje, lo aprendido, y todo aquello que es considerado como lógico.

Con el uso y desarrollo de estas tres cortezas cerebrales podría lograrse una política de altura y no de cerrazón, una que nos brinde la oportunidad de ser bien representados, y dirigidos por personas con habilidades para la mediación y negociación, con talento para el cabildeo y capacidades de discernimiento; así como poco interés por volverse burgués de gustos refinados, pues muchos de ellos, al llegar al poder se compran condominios caros, ranchos, camionetonas, relojes y celulares de gama alta, y salen a dejar sus mensajes populares con prendas y ornamentas caras que, lo único que generan, es hacer más visible el sentir social que define a la política y a la administración pública, como un poder que se hizo para corromperse.

En la administración pública y en la política, se debe recordar que el único enemigo a vencer es uno mismo, y no se debe pasar todo el tiempo con una carga negativa y de revanchismo, es necesario hacer acciones que generen las condiciones idóneas para que la calidad de vida de todos, mejore sustancialmente y, no se quede en un puñado de paja inútil, la cual termine raspando el prestigio y el reconocimiento social hacia los partidos políticos, sindicatos, organismos, instituciones, secretarías, o alguno de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, que hoy se encuentran bajo la mirada y la falta de credibilidad por parte gran parte de la sociedad.

Consejero de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima.

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