Opiniones

Carta sobre «Elogios de lo cotidiano»

Mariana Belén Yáñez Borrego

Querido padre:

Estoy aquí para hablar de tu libro. Pero creo que más importante: para decirte que me siento muy orgullosa de todo esto. Me siento orgullosa de poder llamarte padre, de decirles a los demás: “¡él es mi padre!”.

Sinceramente estoy orgullosa de tener unos padres como los que tengo. Ambos son mí ejemplo. Y desde pequeña sé que ha sido así.

Recuerdo cómo surgió la idea de que hoy viniera a decir estas palabras. Veníamos en el carro, durante la tarde, después de haber terminado ambos la jornada laboral, cada cual de su respectivo trabajo. Estábamos hablando muy cómodamente, cuando de repente sale a la luz la presentación de tu libro. A ti se te ocurrió. No sabía si en broma o de verdad podría estar haciendo lo que hago en este momento: redactar con mis palabras un pequeño comentario de tu libro y leerlo. Al principio, si te soy honesta, estuve un poco insegura de mí, pues nunca había escrito un texto como este para alguno de tus libros. Yo, repito, me sentía muy insegura de sí podría con la responsabilidad. Al final terminé cediendo ante aquella propuesta, pues todos lograron convencerme de que hacer esto también podría resultar beneficioso para mí.

Me costó comenzar a escribir el principio, lo cual, creo, es la parte más difícil; no sé si estoy en lo correcto o me equivoco.

Leí por completo el libro y sinceramente me gustó cómo lograste redactarlo con acciones tan cotidianas de la vida, pero empleando palabras que dieron a las páginas esa magia que tienen. O por lo menos así resulta para mí.

Tu libro, querido padre, es una verdadera obra que me encantó desde que comencé a leerlo. Además, me diste a conocer aspectos desconocidos de tu vida y tu percepción de todo lo que has pasado. Creo que el capítulo favorito es y siempre será aquel en el que narras el maravilloso viaje a Argentina que hiciste solo.

Cómo redactaste cada una de esas líneas con toda la pasión y todo el valor del mundo, pues supongo que para ti escribir cada uno de aquellos recuerdos fue un viaje al empolvado cajón de los recuerdos de infancia.

Terminando de leer cada una de esas páginas comenzó la verdadera aventura de escribir estas líneas. Haciéndolo, como me lo dictaste unas tardes antes del gran día, casualmente de regreso del colegio y camino a casa, al igual que como surgió esta idea desde un principio: con el corazón y la pasión puestos sobre un pedazo de papel, que después me sorprende el cómo puede cambiar de valor ese ordinario pedazo de papel al redactar sobre él unas palabras que quizá lleguen a hacerlo increíblemente valioso, por lo menos a nivel sentimental. Recuerdo muy bien aquellas palabras que llegaron a mis oídos para hacer eco y dejar huella en mis recuerdos.

Para mí fue todavía mayor el reto al ver que se iluminaba tu cara al decidir que comentaría “Elogios de lo cotidiano”; la ilusión de que yo estuviera todavía más presente esta noche en Quesería. Lo cual agregó estrés al saber que tenía de tu parte unas expectativas muy altas.

Y ahora acabando esta carta, quiero decirte que me esforcé como no lo había hecho en mucho tiempo. Puse todo el sentimiento del mundo en estas palabras, que separadas son tan solo letras juntas y sin sentido, pero que unidas y en el orden correcto logran provocar emociones y son demasiado poderosas. Siempre he creído que las palabras son una de las mejores armas y escudos.

Además de volver a decirte que me siento bastante orgullosa, como hija, de tener un padre como el que tengo y de poder decir que este ha sido una de las mejores obras que he leído. Quizá lo digo porque no he tenido la capacidad de entender muchas que deben ser también bastante buenas o quizá el simple hecho de que fue escrita por uno de mis guardianes. Sea cual sea la razón, amé cada palabra, cada párrafo leído en “Elogios de los cotidiano”. Y yo, elogiando tus memorias y añorando que en algún momento puedas contarme aquellas experiencias y resolver un par de dudas, sobre, por ejemplo, cómo te sentiste al haberlo vivido, pues si bien en ese libro mencionaste el por qué de muchas cosas, jamás saciaré esa sensación de querer saber todo aquello por lo que pasaste.

Gracias por tan increíble cuento de la vida, de tu vida, en una obra que por siempre atesoraré, “Elogios de lo cotidiano”.

*Texto leído por Mariana Belén (13 años) durante la presentación del libro Elogios de lo cotidiano (Colima, Puertabierta editores, 2018), de Juan Carlos Yáñez Velazco, en Quesería, Colima, el 8 de febrero de 2019. Febrero 18 de 2019.

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