Opiniones

#OsminHamud: Ignominia

Tiempos aciagos los que estamos viviendo.

De unos meses a la fecha, sin importar el tema, sin importar el número, sin importar la respuesta de la autoridad, el vandalismo es la constante en las manifestaciones públicas, sin control, sin consecuencias.

El bastión ideológico del pretendido nuevo régimen, la honestidad, se desdibuja con el ejemplo de Barlett, a quien lejos de exigirle una explicación o aclaración, se le defiende y se le tolera el comportamiento cínico que encierra su dicho: “ni esposa, ni concubina”.

Como la fábula de la hormiga que encontró una moneda y no decidía en qué gastar, pues se le acababa, la venta del avión presidencial día a día se pretende alcance para mil y un cosas, sin importar que la realidad sea que, de concretarse la transacción, el recurso sirva solamente para liquidar el arrendamiento.

Con el ya acostumbrado desmarque, lo que debiera ser un actuar respetuoso, republicano ante una petición del INE, cual pulpo, lanza un chorro de tinta distractor para no cumplir con un mandato sustentado en la ley y arroja un “no somos iguales, no nos comparen”. Pantalla caleidoscópica que pretende ser un eje validador.

Localmente, unos y otros toman bien el ejemplo y comienzan también a tejer sus mallas de protección en dichos sin hechos.

Quien se defiende de una denuncia de un supuesto acto de corrupción cometido y un ineficiente desempeño en sus funciones, lejos de aportar datos o pruebas contundentes que muestren lo contrario, atina solamente a decir que mejor “abrazos, no balazos”.

La crítica en los medios de comunicación al desempeño del nuevo régimen, sin importar la razón, por el solo hecho de disentir, se considera un movimiento desestabilizador, un “golpe blando”. Lejos está el debate de las ideas, con todo y que debiera ser la costumbre del legislador, por su encargo actual, y arguye el derecho a la información, pero en sentido contrario, intentando limitar la libre expresión.

Hoy generan ignominia, y quien se de por aludido, no solamente está fuera del movimiento regenerador de la nación, se le considera contrario, siendo que ellos son quienes van en contra de si mismos, pues la congruencia no es su fuerte.

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