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#Temple: Contrasentidos

El mundo se ha vuelto más complejo. Cada país enfrenta problemas de distinta dimensión y sus gobiernos tienen serios problemas por resolverlos.

En este terreno, México y otras naciones latinoamericanas, destacan.

Mientras que el resto de las sociedades y gobiernos coinciden en que para enfrentar sus problemas, la autoridad requiere de instituciones sólidas para procurar el orden y justicia a sus sociedades con premisas de honestidad, libertad, igualdad y fraternidad; en México pareciera que vamos en contrario. La fórmula es sencilla: Con instituciones fuertes, más fácil será resolver los problemas.

Tan en contrasentido estamos que un importante sector de la sociedad ya las menosprecia e incluso las considera innecesarias.

Aquí, nos da lo mismo desprestigiar a la Presidencia de la República que al ladrón de banqueta.  Con pasmosa facilidad se miente sobre el desempeño de la autoridad gubernamental con el único afán de obtener rentabilidad política sin medir el daño institucional. Así es como tenemos autoridades de todos los niveles, débiles y desprestigiadas; incapaces de legitimar sus acciones pues su principal fortaleza, la credibilidad, es socavada intencionalmente sin importar el daño que se hace a la vida republicana. Y es que una cosa es el mal funcionario, hasta corrupto si se quiere, y otro es dañar las instituciones del país.

El ciudadano debe ser cuidadoso en elegir a los mejores hombres y mujeres. Los políticos y voceros deberían  hacer honor a la inteligencia para no dañar más la maltrecha vida institucional.  Insisto: Ningún gobierno mejora los niveles de vida con instituciones débiles.

La práctica mexicana demuestra que esos despropósitos nacen de los mismos políticos anclados en las instituciones. Tiempo es de terminar con esa clase de despóticos ilustrados y dar acceso a políticos que contemplen, al menos, la sociedad del conocimiento.

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