Opiniones

#Temple: El Silvestrismo

Además del sospechosismo, en México y Colima la cultura del silvestrismo gana más adeptos, cada día

Es la manera práctica, autodidacta y empírica en que percibimos la realidad e intentamos solucionar los múltiples problemas de la vida cotidiana.

El silvestrismo de ser una actitud simple ante la vida ha pasado a formar parte del tejido social y de todas, o de la mayoría, de las instituciones del país -y lo que es sorprendente-, de instancias educativas y gubernamentales que precisamente su misión es en contrario.

El silvestrismo tiene que ver con la falta de educación formal, de la cultura del diagnóstico y el uso malsano del despotismo ilustrado. En el primer y segundo caso la ignorancia nos hace actuar equivocadamente, pero en el segundo, se actúa con cinismo y dolo.

Así como al médico y al mecánico les es imposible reparar el mal sin el diagnóstico respectivo, en las políticas públicas debería ejercerse el mismo método; sin embargo, a nuestros políticos les es más sencillo, cómodo y conveniente: Solucionar los conflictos políticos bajo la lupa de la rentabilidad electoral y no del diagnóstico.

Tal cual, podemos mencionar que en el conflicto estatal magisterial lo que predomina es la falta de uso del diagnóstico para resolver el problema. En el tema de movilidad que involucra concesiones de transporte público, se percibe falta de liderazgo y entereza de las partes involucradas para solucionar con voluntad política y probidad  la diferencia. En los ayuntamientos colimenses, igualmente se percibe una debilidad institucional e ignorancia funcional para ir al fondo del problema.

Si de economía se trata, Gobierno del Estado, queda incluido en esta sección. No creo que a estas alturas del sexenio, exista falta de un diagnóstico, sino más bien, predomina la preferencia por la arista electoral, en lugar de la ruta que marcan los estudios.

Todos en Colima tenemos responsabilidad con el bien común: elegir a nuestros representantes para que den rumbo y orden a nuestra patria chica sin quebrantar derechos auténticos, sin sacrificar el bienestar general por una mala interpretación, o incluso perversa, de los derechos gremiales, humanos o económicos de quienes bajo el amparo de la justicia y la legalidad, realmente denostan los diagnósticos y se defienden bajo la cultura del silvestrismo.

 

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