Opiniones

#Temple: Emergencias Docentes

No puedo dejar de solidarizarme con los padres de familia que pierden a una de sus hijas en un lamentable suceso dentro de una escuela secundaria de la ciudad de Colima. Nada puede ser equiparable a que el sentido lógico de la vida cambie en un instante. Como padres de familia debe ser incomprensible convertirse en sucesor y no en antecedente. Es por eso que expreso mi más afecta solidaridad con los padres de familia de la alumna.

Ese suceso, además de consternar a la sociedad colimense, ha puesto en el centro de las conversaciones la responsabilidad de distintas instancias que necesariamente tuvieron parte en la emergencia. Desde docentes, administrativos, directivos, médicos y trabajadores de apoyo a la educación.

También ha evidenciado los protocolos establecidos en las escuelas en caso de emergencias y las leyes ineficaces e inoperantes que se autorizan en las instancias de gobierno.

Según las evidencias -ya auditadas-, la escuela cumplió con su protocolo, así como la llegada de la asistencia médica, la atención y posterior diagnóstico.

Es cierto que por un lado, existe la disposición que señala al docente como el responsable del alumno dentro de la escuela; pero por otro, se especifica que en caso de que el docente mueva y provoque agravamiento del lastimado, es totalmente responsable de su malestar. Entonces, los docentes en todas las escuelas de educación básica quedan en indefensión, pues prácticamente se les exige funciones de especialistas en todas las áreas médicas. Si no lo hacen, no lo saben hacer, o lo hacen mal; son igualmente responsables sin ser su función o profesionales médicos.

La lección debe ser aprendida.  Las evidencias y diagnósticos deben guiar las respuestas de las autoridades, incluído el Gobierno del Estado que es el primer obligado en hablar con la verdad por fuerte que esta sea. Por su parte, las autordades educativas deben comunicar y eficientar sus protocolos, sin suponer que los docentes pueden solucionar todo tipo de emergencias.

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