Opiniones

VIVOS

¡Qué momento tan triste!

El esfuerzo de muchos, el sacrificio de tantos, echado por la borda.

El gobierno del estado, tomando decisiones que en su momento fueron aplaudidas y apoyadas. Un poco después, criticadas por su “dureza”.

En distintos momentos, administraciones municipales, apoyadas en su autonomía, desarticulando y desacatando acuerdos que conocían y dijeron necesarios.

Del gobierno federal, ni hablar. Galones y galones de tinta han corrido con supuestas estrategias y otros datos. Ayer domingo el presidente volvió a asegurar que la pandemia está domada, justo cuando acaba de por fin hacerse una prueba para detectar Covid-19 y viajó al extranjero usando cubrebocas, acción imitada por el otro López en su charla de los sábados.

Y la gente, la población, cociéndose a parte. Hay voces que han dicho que se necesita mayor difusión del problema y las medidas de contención necesarias. Definitivamente no. Otros ponen el énfasis en la masividad de la aplicación de pruebas para detectar infectados y así poder hacer un seguimiento de los mismos. Una medida lógica, pero tal vez incosteable en nuestra circunstancia.

Estamos en pleno crecimiento exponencial de muertes y contagios. La economía, catártica, suplica por que se le deje libre y operativa. Y desafortunadamente hemos sido testigos de lo que ha sido laxar el confinamiento.

Seguramente en muchas reflexiones vendrá la pregunta muy válida ¿de quién son los muertos de estos últimos días?

¿Del gobernador? ¿De los ediles que han actuado más por política que por salud? ¿De la autoridad federal que hoy muestra un rostro enfermo en el estado? ¿De los empresarios formales e informales que operan sin protocolos?

Nos duelen y preocupan los fallecidos. Mal enfoque en esta situación. Por supuesto que el duelo y la pérdida se tienen que vivir y sanar. Pero la realidad nos tiene que obligar a preocuparnos de los vivos.

Éstos que no usan cubreboca, que organizan fiestas tanto particulares como patronales; de aquellos que por más que se les insiste, se congregan con el menor pretexto, sin el cuidado mínimo. Esos que siguen diciendo que esto es un invento, que el helicóptero está tirando virus por doquier. Aquellos que sin el mínimo remordimiento exponen a sus hijos a albercadas y a sus adultos mayores a la visita sin cuidado.

De todos ellos son quienes han fenecido esta semana. De ellos, los que se pasan de vivos.

Arriba