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La primera tarea escolar para Indira

Si no sucede algo extraordinario, Colima tendrá gobernadora sin contratiempos para la toma de posesión. La elección del domingo anterior fue contundente. Sigue, supongo, el periodo de preparación de los equipos que gobernarán las distintas áreas de la administración pública. Cada una es particular, pero educación se vuelve zona de máxima sensibilidad por sus efectos multidimensionales en la vida de personas y sociedades. En esa materia, la inminente gobernadora electa ya tiene una tarea estratégica impostergable.

El ciclo escolar próximo no será igual. Planearlo en contextos de pandemia y transición gubernamental como algo rutinario puede condenar a muchos de los cerca de 200 mil estudiantes del sistema educativo colimense, y frustrar la tarea de miles o cientos de maestros. 

Reitero lo escrito aquí hace dos semanas: ese ciclo podría planearse por los equipos de las administraciones saliente y entrante. Por lo menos hay cuatro grandes tareas iniciales. La primera es urgente: calcular el tamaño del abandono escolar en Colima, a partir de recoger y sistematizar la información disponible sobre los estudiantes conectados y desconectados de sus escuelas y maestros, en un mapa por municipio, localidad y escuela.

Los datos nacionales que mostró INEGI en marzo, con la Encuesta para la medición del impacto COVID-19 en educación, son espeluznantes: 5.2 millones no concluyeron el ciclo escolar anterior por los efectos del COVID-19 y falta de recursos, mientras que 3.6 millones no se inscribieron al siguiente porque tenían que trabajar.

Con la información precisa en Colima debe emprenderse la inédita cruzada para que regresen los estudiantes que hayan abandonado, con una estrategia social y otra pedagógica. Al mismo tiempo, tercera tarea, debe planearse la evaluación diagnóstica que permita conocer y comprender los avances y retos en cada escuela, grupo y estudiante durante los meses de aprendizaje en casa.

Finalmente, con esos insumos debe prepararse el ciclo escolar articulándolo con lo ocurrido en los meses en que las escuelas estuvieron cerradas. El ejercicio será diferente a lo hecho, para enmendar rezagos, aprovechar lecciones y proyectarse al futuro.

Las descritas no son sencillas, excepto la primera, pues los directores ya reportan a las autoridades periódicamente. Para las otras habrá que acopiar imaginación, determinación y sentido profundo de la relevancia que tendrán las decisiones. 

Con un gobierno que cierra y otro por inaugurarse, sería deseable el trabajo conjunto descrito en la ruta esbozado, o en otra, pues a unos corresponderá dirigir unos meses y a los otros conducir el sistema el resto del año escolar y un lustro.

Hay otras labores apremiantes, como atender los rezagos a profesores de planteles del EMSAD (educación media superior a distancia) y telebachillerato; o la madre de todas las batallas: garantizar el derecho universal que la Constitución del país promete a todos los niños y jóvenes, pero toca comenzar por el principio.

Concebir un trabajo de esa naturaleza, colectivo, abierto y participativo es una manera coherente de expresar que, en efecto, la educación es una de las grandes apuestas para la transformación de Colima.

Un axioma se vuelve más imperativo que nunca: no todos los avances de una sociedad son educativos, pero sin esa dimensión, no es posible consumarlos. La educación es un derecho clave y debe ser la brújula de la conducción gubernamental. El futuro no espera. Un futuro promisorio no se construye con migajas.

Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de El Centinela o del Equipo Editorial.

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