#Lecturas: Época de Canalladas

Lecturas por Noé Guerra (@noe_guerra_)

Pequeñez legislativa. Cínica, pobre, predecible, torpe, estéril y desfondada la ordinaria y fácil declaración –de él, no podría ser de otra manera- hecha el jueves por el presidente –con minúsculas- de la Comisión de gobierno interno del Congreso local ante los medios, en la que señalando a personas por su presunta simpatía partidista intentó descalificar un movimiento eminentemente ciudadano como el que se realiza, enderezado contra los veinticinco legisladores sin distingo de colores, manifestación social de repudio contra los excesos de los diputados que desde antes y sin nada efectivo primero los paralizó, luego los hizo huír, después intentar justificarse, posteriormente sesionar a escondidas para finalmente, el jueves 4 por la mañana, solo aparecer y mantenerse el representante legal de dicho poder, el Presidente, con quien los inconformes acordaron ser recibidos y atendidos por todos los “representantes populares” este lunes 8 de agosto a las 12 horas en el recinto legislativo.

Pusilánimes al abordaje. Sin poder comprender el mensaje y sin tener la más remota idea, para la hilaridad han surgido voces que desde el tono farragoso hasta la ordinaria vulgaridad se empeñan en defender lo indefendible quien sabe por qué razones, tratando de desacreditar el movimiento ciudadano que inédito ha despertado en Colima. Algunos lo indician como un “distractor”, para otros es “represalia”, algunos más, subestimando la iniciativa de la gente ¡No lo pueden creer!, se han aventurado con elucubraciones sobre supuestos motivos y presuntos artífices de quienes “deben estar detrás” dicen, sobre todo por quienes con una extraordinaria jugada mediática que hasta hoy los censuradores no han entendido, regresaron un tema que se estaba enfriando, acusándolos por ese solo hecho de criminales y hasta inventándoles delitos. Para risa, aunque lo que es un hecho es que ellos, los “encapuchados”, lograron lo que nadie y hoy, con esa sola aparición del martes tienen a los diputados otra vez contra la pared y bajo la lupa de una sociedad, la de Colima, tradicionalmente asustadiza, como en el fondo se ven quienes vituperan y descalifican lo diferente y más cuando ha sido efectivo.

Recinto legislativo. Foto Noé Guerra

Voracidad política. Por investigación y nota del periodista Luis Tadeo publicada el pasado 21 de julio, nos enteramos de los sueldos de algunos de nuestros alcaldes colimotes, llama la atención porque varios, precisamente los que hoy por hoy más cobran, accedieron al poder enarbolando las banderas de la austeridad, el ahorro y el control del gasto, lo que en su discurso de proselitismo y muy a la ligera señalaron como descuido y tradujeron como corrupción de sus antecesores, incluso firmando compromisos de transparencia que no han cumplido y, sobre la marcha, estos mismos se han atrevido a difundir presuntos ahorros en el gasto –“¡En las mulas de mi compadre!”-. Así, los cuatro que más cobran al mes son, en este orden: Yulenny Cortés. PAN. Villa de Alvarez $77,120.94, Héctor Insúa. PAN. Colima $71,867.12, Rafael Mendoza. PAN $36,789.22, J. Guadalupe García. PAN. Tecomán $35,000. Lo que si somos rigurosos, comparado con las “hermanas de la caridad” en que se han autoerigido nuestros tribunos, representa una bicoca.

Decepción presidencial. Desde que tengo memoria cada sexenio ha sido lo mismo, cada seis años nos hemos dejado engañar por el discurso y la promesa fácil llevando al poder, en el mejor de los casos, a sujetos incapaces e inútiles y en otros a verdaderas calamidades individuales, gente sin escrúpulos y con ellos a grupos voraces que solo van por el poder como la patente infalible para impunemente saquear, depredar y dañar irreversiblemente no solo la riqueza material del país sino con ello lo más grave, la credibilidad institucional, el tejido social, el sentido de pertenencia y la identidad nacional, el orgullo de ser mexicano. Desde Fox, entre los más recientes, con el que la esperanza del cambio llegó a una posición que desde el primer año fue, pero de reversa y en todos los renglones; luego con Calderón, otro del mismo partido, el PAN, al que no solamente le quedó grande la silla sino que hubo graves retrocesos e irresponsablemente inició con esta vil sangría que cada vez más y en escalada nos somete. ¿Qué decir del actual, de Peña? Esperemos a que termine.

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