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#LECTURAS: Ni son todos los que están, ni están todos los que son

CAJA INCOMPLETA. La pregunta que insiste es: ¿Por qué solo los tres últimos años y no auditar todo el sexenio anterior? No hay ya justificación alguna que lo impida, si es que la hubo, y menos cuando al margen de si robó o no, todo apunta a un evidente desorden administrativo que, como consecuencia, financieramente postró al Estado y hoy lo tiene sumido en una histórica crisis de la que por lo menos en el mediano plazo a nivel social no podremos salir y que nos lleva a enfrentar graves efectos colaterales como el creciente desempleo, la agudización de la delincuencia y el debilitamiento del de por sí endeble tejido social que se ve reflejado y con todo lo que ello conlleva, en la disfuncionalidad y desintegración familiar, por ejemplo, entre otras.

Se pide esto porque los ciudadanos colimenses, la llamada sociedad civil tenemos derecho a conocer toda la verdad sobre el manejo del erario y, en apego a la ley de transparencia, a saber cómo estamos y empezar a pensarle cómo le vamos a hacer para salir de la bronca que nos dejaron, independientemente del castigo que se vaya a dar a los presuntos culpables del desfalco. A nadie favorece el desconocimiento a nadie ayuda la falta de información. Total, el mal ya está hecho e igual se resolverá si falta un peso o millones, lo que solo será información de complemento para el ejercicio pleno y aplicación de la ley, pues el juicio popular ya quedó establecido y ese sí es inapelable, se puede escuchar y ver en todos lados, en las caras de todos los colimenses agraviados.

A todo esto, lo que quedaría sería deslindar responsabilidades y nosotros, los ciudadanos de a pie, los que estamos “viendo los toros desde la barrera” no caer en el juicio ligero ni en la irresponsable tentación de cortar con el mismo rasero a todos los aludidos por el solo hecho de algunos de haber trabajado en la administración. No sería justo, de hecho no lo es, hay gente que al igual, no obstante que fue mencionada en el reporte preliminar de la llamada auditoria especial del OSAFIG, el único error que cometió, si así se le puede llamar, fue ese, el de haber servido a Colima bajo el mando de esos y de otros que sin haber sido mencionados todavía, por ahí deben andar aún “nadando como de muertito”.

QUÉ POCA LA MEMORIA. Como le llegó se le fue. Y sí me refiero a mi ya muy conocido cliente, a ese tropical personaje propio de la picaresca local ¡Sorry! (por sus “fanses”), no tengo la culpa de sus andanzas ni de sus excesos como tampoco de sus penosas actuaciones públicas. Tan poquito hace que la llamada fortuna parecía poner todo a los pies de este originario de tierra caliente, apenas hará 3  años con cinco meses cuando por un voto de diferencia fue ungido coordinador de su bancada, lo que a su estilo celebró con una pachanga en la sede senatorial, cargo donde duró hasta febrero de este año, y donde al llegar, entre otras torpezas políticas muy de él, se puso a correr gente que tenía más de veinte años ahí para poner a incondicionales.

NADA ES PARA SIEMPRE. Como era previsible luego de su necio y lucrativo desbarre con su pretendida reforma a la ley federal de uso de armas de fuego y explosivos y del respectivo deslinde que de eso hizo el CEN y el resto de la nomenclatura del PAN y sobre lo que él se empeña, que le dan otro coscorrón echándole a la calle a la gente que le quedaba a la vez que le cambiaron las chapas a las puertas de sus oficinas (tal y como él lo había hecho allá y acá, tanto en el Congreso como en la sede estatal panista), así es que como reacción este jueves 27 el aludido se subió a la tribuna senatorial para entre amenazas acusar de ingrato a su coordinador Fernando Herrera, por el hecho, reclamando, incluso, por lo que él mismo hizo meses antes, con lo que el susodicho olvidó que “nada es para siempre” y que “el que a hierro mata a hierro muere”, además de: “que no espere morir a besos el que mata puñaladas”.

RECADITO. Bienvenida la libertad de expresión pero no cuando atente contra el patrimonio público. Este sábado 29 a las 8 de la noche desde el frente del jardín de la Libertad, con mi esposa vimos la “instalación” encabezada por la delegada del PRD en Colima, Martha Zepeda, dedicada a los 43 desaparecidos el 26 de septiembre del 2014 -durante los gobiernos del PRD estatal (Ángel Aguirre Rivero, prófugo con licencia) y PRD municipal (José L. Abarca Velázquez, detenido, bajo proceso y en la cárcel igual que su cónyuge)- en Iguala, Guerrero; hasta ahí todo normal, lo malo cuando aparte de colocar cruces en la repisa del edificio además del banquetón, con una engrapadora industrial clavaron en la fachada recién pintada del Palacio de Gobierno (edificio público, cuyo mantenimiento nos cuesta a todos) una cartulina de gran formato. Eso, por si la señora y su gente lo ignoran, es daño en propiedad ajena, es vandalismo. ¿La policía? Bien, gracias. ¿Qué harían si alguien hiciera lo mismo en sus casas?

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