Juan Carlos Yáñez

Los libros de texto: ¿qué se oculta?

El escándalo de los libros de texto gratuitos de primaria que la Secretaría de Educación Pública pretende elaborar en formas, tiempos y responsables anormales, se ha vuelto motivo de una cauta discusión pública, preocupada por las consecuencias que podría tener la iniciativa que encabeza un polémico personaje que conduce la Dirección de Materiales Educativos.


Son distintas las aristas para el análisis. Algunos colegas se preguntan para qué cambiar los libros de textos sin modificar los planes de estudio; otros discuten si los profesores son los más competentes para la encomienda. Los ilustradores defienden el derecho a cobrar por su trabajo y no sólo recibir en pago una constancia; pero las críticas mayores, creo, las acarrean los tiempos fijados y capacitaciones al vapor que se dieron a los convocados.

Ninguno de esos nudos es sencillo. La concepción de los nuevos libros tendría que reconocer la circunstancia que atravesamos y la necesidad de que los libros sean cada vez más diseñados para sistemas educativos híbridos, sin dependencia excesiva de los maestros y con enfoques didácticos y comunicativos modernos.

A mí me inquieta otro ángulo que apunta más a las causas y el probable destino del sistema educativo nacional, sobre todo con la pandemia y los saldos que arrojará. Se trata de la ligereza con la cual las autoridades de la Secretaría de Educación Pública toman decisiones, como si gobernaran un territorio desprovisto de historia e inteligencia, y la educación fuera un campo aséptico, de decisiones fáciles.

Los saldos de la SEP están en rojo. En la conducción de la pandemia exhiben incompetencia; el procedimiento para la promoción horizontal se les volvió un problemón en tramos irrelevantes, la secretaria no aparece y ahora, la puntilla, los libros de texto.

Mi conclusión es desalentadora: les importa poco la educación o no entienden la compleja dimensión que implica concebir y operar el sistema educativo.

Ante esas fragilidades de la gestión, podría ser el momento de que las secretarías de educación en las entidades pusieran el buen ejemplo y planearan o empezaran la reorganización pospandemia de los sistemas educativos, con los márgenes de libertad que concede el federalismo. ¿Pueden? ¿Quieren?

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