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#Temple: Crisis institucional

La burra no era arisca. Refrán que retrata con exactitud los nuevos tiempos. Tiempos donde la sociedad ha dejado de creer en las instituciones de todo tipo y toma decisiones de beneficio inmediato o personal, pero muchas veces descontextualizada o carentes de información de calidad que permita evaluar el impacto a corto, mediano o largo plazo. No hay institución que se escape de ello, ni sector de la población que vea con agrado minimizar o desacreditar cualquier institución.

Todos dudan de todos y todos abusan de todos, a pesar de que todos niegan todo.

Los sindicatos dicen trabajar por el bien de la sociedad pero no dicen que ellos van primero contra toda ética urbana, y a pesar de quebrantos económicos o de desigualdad.

Los partidos políticos mantienen en sus doctrinas los más altos valores de la civilización y bienestar social pero en la práctica no son más que agencias de colocaciones y reparto de utilidades.

Las instituciones de procurar justicia reciben únicamente el nueve por ciento de los ilícitos, y de ellos, sólo el dos por ciento es sentenciado y en la mayoría de los casos absuelto.

Los gobiernos de los tres niveles no cumplen con sus objetivos principales, a pesar de ejercer recursos millonarios, y los servicios públicos cada día son más insuficientes y de baja calidad.

La crisis institucional es evidente. Sólo el ocho por ciento de la población cree en ellas;  y la inmensa mayoría de quienes las manejan o reciben sus beneficios, siguen pensando con singular seguridad y beneplácito que esas instituciones siguen estando a su servicio y a los de la sociedad, aunque la realidad demuestra lo contrario.

Es urgente que los actores políticos redireccionen sus intenciones, amén de que alguien les mande al diablo.

 

 

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