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#Temple: Las diferencias

 

Las diferencias son parte de nuestra vida diaria. Han sido reconocidas por las leyes internacionales, nacionales y estatales. Han quedado registradas en el colectivo y plasmadas en las constituciones de prácticamente todos los países del orbe.

Reconocer las diferencias entre el género humano ha sido una batalla que además de larga, representó muchos sacrificios para sus iniciadores y seguidores. La segregación, el asesinato, la discriminación y el avasallamiento, fueron ejemplos que marcaron el siglo XX por todas las regiones del mundo.

La lucha fue fructífera. En día, la mayoría de los gobiernos y universidades, incluyen programas que promueven la sana convivencia, a pesar de las diferencias, con la intención de tener mejores sociedades e instituciones. Los resultados ya están a la vista. Existen sociedades más justas, informadas, equilibradas. Instituciones públicas y privadas que promueven la equidad de género e igualdad de oportunidades, donde la inclusión es una de sus garantías.

Es decir: El empuje de hombres y mujeres por mejorar y democratizar las instituciones públicas tiene un claro resultado. Hoy somos mejores que en el siglo pasado.

Es por eso que llama la atención que las instituciones encargadas de sistematizar, ordenar, fortalecer y practicar estos adelantos, sean las que vayan en contrasentido. No se dan cuenta que por defender a ultranza su posición lo que hacen es justamente renegar de lo que creen defender. No respetan diferencias, las imponen;  y dan paso al fundamentalismo que habíamos rebasado.

Claro es que quienes actúen así en casa o la vida pública deberán recoger cuanto herido quede, vanagloriarse de los buenos resultados pero también hacerse responsables de sus consecuencias.

Tal parece que hemos olvidado que las diferencias son parte de la vida cotidiana y no sabemos sortearlas.

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