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#Temple: Las enseñanzas del sismo

Las cosas están que arden. Así quedaron las instituciones del país, luego del sorprendente y destructor sismo del pasado 19 de septiembre.

Con ello, quedaron en evidencia las deficiencias que como país tenemos en organización,  prevención,  equipamiento y comunicación para casos de desastre y emergencias.

Y si a esas vamos, hasta de rapiña o miseria humana de algunos cuantos.

Quedan en evidencia, por ejemplo, las leyes e instituciones de gobierno al permitir construcciones inviables por tamaño, estructura y lugar. Permisos que se otorgan a sabiendas de la vulnerabilidad de las construcciones y del riesgo de vidas humanas, sin recato alguno. Quedan en entredicho también la tecnología y protocolos para el caso, pues su efectividad depende de diversas variables que al momento de requerirse no surten efecto, como el caso de las alarmas antisísmicas y los simulacros de evacuación. Más de trescientas muertes, evidencian lamentablemente que a pesar de los avances hace falta mucho por hacer.

De nueva cuenta, las organizaciones de protección civil poco pudieron hacer ante una severa realidad que se nos había develado en 1985. La sociedad civil, voluntariosa, valiente y hasta desorganizada, dio muestra una vez más de lo que es capaz de hacer: De ponerse por encima de la autoridad por más alto rango que se tenga.

Desafortunadamente, el protagonismo y mezquindad de la clase política volvió hacer gala de infortunios,  reafirmando en las urbes, que la sociedad no necesita de las instituciones, incluso que hasta entorpecen el desarrollo social.

Las cosas están que arden para las instituciones del país, incluso para los partidos políticos que tuvieron que ceder ante la presión social sus prerrogativas.

El sismo reafirma la enseñanza que ya se sabía: la rapiña política puede ser combatida por la organización popular.

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